Ese piano que corre desbocado por la pradera. Esas secciones de metal, contagiosas de puro sarampión, pegadizas, rabiosas. Esos stacatto de guitarra, como lametones electrizados al instrumento. Ese "Let the good times roll", "Big chief Pt.1", "What is success", "Fire on the Bayou", "Make it funky". Esos The Meters, Allen Touissaint, Professor Longhair, Lloyd Price e Irma Thomas. Es el sonido de New Orleans, ese R&B inconfundible, ese funk primitivo y sabroso, lleno de comida criolla y aromas de pantanos. New Orleans es el corazón de la música negra americana, el lugar donde todo empieza, un lugar que -trágicamente- se desvaneció con el cataclismo del huracán Katrina y el desinterés de la administración blanca de la dinastía Bush. Pero New Orleans debe sobrevivir. Sus bandas de música deben perdurar. Tantos riffs , tantas jams , tantas voces inolvidables, tanta celebración no pueden ser borrados de un suspiro. Aunque fuese un suspiro descomunal, aterrador, como el del Katrina.
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